Plymouth Road Runner: la historia del muscle car inspirado en el Correcaminos
Un contrato con Warner Bros. dio nombre e identidad a un modelo que vendió cerca de 45,000 unidades en 1968.
El eterno duelo entre el Coyote y el Correcaminos sirvió de inspiración para crear uno de los muscle cars más emblemáticos de Plymouth. Más de medio siglo después de su lanzamiento, el Road Runner conserva un lugar especial en la historia de la industria automotriz.
Un muscle car sin lujos
Todo comenzó en 1968, cuando la mayoría de los autos deportivos en Estados Unidos competían por ofrecer más lujo, cromo y accesorios. Plymouth decidió tomar el camino contrario con un muscle car equipado con un V8 de generosas dimensiones y potencia, pero despojado de elementos innecesarios.
La idea era ofrecer el mayor desempeño posible por el precio más bajo. Para atraer a una juventud ávida de velocidad, Chrysler firmó un contrato con Warner Bros. para utilizar el nombre y la imagen del Correcaminos, el ave más veloz de los Looney Tunes.
Por los derechos del personaje, Chrysler pagó 50,000 dólares de la época, equivalentes aproximadamente a 479,767 dólares en la actualidad debido a la inflación acumulada. Además, la marca invirtió otros 10,000 dólares para desarrollar un claxon que imitara el clásico “beep beep” del personaje, un detalle que se convirtió en una de las señas de identidad más queridas del modelo.
La estética del Correcaminos
El vínculo con el universo animado no se limitó al nombre. El Road Runner de primera generación incorporó calcomanías del Correcaminos corriendo por los pilares laterales, las salpicaderas y la tapa de la cajuela. También incluía una imagen del personaje en el filtro de aire del motor.
La publicidad de la época jugaba con el humor de las caricaturas y describía al auto, en tono de broma, como “acceleratii rapidus maximus”. Entre los detalles más buscados por los coleccionistas actuales está la calcomanía “Coyote Duster”, que apareció en la tapa del filtro de aire de los modelos de 1970 como un guiño al rival del Correcaminos.
Potencia bajo el cofre
El Road Runner no se quedaba solo en la imagen. El motor de entrada de la primera generación, producida entre 1968 y 1970, era un V8 de 383 pulgadas cúbicas, equivalentes a 6.3 litros, con 335 caballos de fuerza.
Para quienes buscaban mayor desempeño, Plymouth ofrecía el mítico V8 426 Hemi de 7.0 litros y 425 caballos de fuerza, una mecánica prácticamente de competición adaptada para la calle. En 1969 se sumó a la gama el V8 440 Six Barrel de 7.2 litros, con triple carburador de doble cuerpo.
Ese mismo bloque serviría después como base para el aerodinámico Plymouth Superbird de 1970, construido específicamente para dominar las pistas de NASCAR.
Éxito comercial y evolución
El resultado comercial tomó por sorpresa a Plymouth. La marca esperaba vender apenas 2,000 unidades durante el primer año, pero terminó colocando cerca de 45,000 autos solo en 1968. Ese año, el Road Runner fue el tercer muscle car más vendido de Estados Unidos, únicamente detrás del Chevrolet Chevelle SS y el Pontiac GTO.
Entre 1968 y 1970, el modelo acumuló ventas por alrededor de 150,000 unidades.
La segunda generación, producida entre 1971 y 1974, adoptó el llamado diseño “Fuselage” de Chrysler, con líneas más redondeadas y una parrilla profundamente empotrada. Sin embargo, esta etapa coincidió con el inicio de normas de emisiones más estrictas y con la crisis del petróleo, factores que obligaron a reducir la potencia disponible.
El bloque de 383 pulgadas cúbicas fue sustituido por un V8 de 400 pulgadas cúbicas. Tanto el 426 Hemi como el 440 Six Barrel desaparecieron del catálogo después de 1971.
En 1975 llegó una tercera generación que apenas duraría un año. Su carrocería, más cuadrada y de aire señorial, estaba basada en el Plymouth Fury y perdió casi por completo el carácter deportivo que había dado fama al modelo.
Entre 1976 y 1980, el nombre Road Runner dejó de identificar a un modelo independiente y se convirtió en un paquete de equipamiento decorativo para el modesto Volaré.
Un modelo buscado por coleccionistas
El Plymouth Road Runner nunca llegó oficialmente a México, pero su historia sigue siendo uno de los pasajes más curiosos de la industria automotriz. El auto inspirado en el Correcaminos demostró que era mucho más que una caricatura.
Hoy, los ejemplares de la primera generación son sumamente buscados y cambian de dueño por cifras muy superiores a las de aquel origen humilde.
Fuente: FSOCIETY
Redacción
Equipo editorial de FSOCIETY://NEWS.